La Unión Soviética fue disuelta hace más de 25 años, el 26 de diciembre de 1991. Se cree ampliamente, fuera de las ex-repúblicas de la URSS, que los ciudadanos soviéticos deseaban ardientemente que esto suceda; que Stalin era detestado como el vil déspota que era; que la economía socialista de la URSS nunca funcionó; y que los ciudadanos de la ex-URSS prefieren su vida actual bajo la «democracia» capitalista que la que tenían bajo lo que según políticos, periodistas e historiadores occidentales (además de anticomunistas de izquierda) fue el régimen dictatorial y represivo de un estado brutal que presidía sobre una esclerótica e inservible economía socialista.

Nada de esto es cierto.

Mito #1: la Unión Soviética no tenía apoyo popular. El 17 de marzo de 1991, nueve meses antes de la disolución de la URSS, los ciudadanos soviéticos fueron a las urnas para votar en un referéndum que preguntaba si estaban a favor de preservar la URSS. Más del 75% votó que sí. Lejos de favorecer la partición de la nación, la mayoría de los ciudadanos querían preservarla [1]

 

Mito #2: los rusos odian a Stalin. En el 2009, Rossiya, un canal ruso de TV, pasó tres meses encuestando a más de cincuenta millones de rusos para averiguar quienes, en su opinión, fueron los más grandiosos rusos de la historia. El príncipe Alexander Nevsky, quien repelió exitosamente una invasión occidental de Rusia en el siglo XIII, quedó primero. El segundo lugar fue para Pyotr Stolypin, Primer Ministro del Zar Nicolás II y responsable de una importante reforma agraria. En tercer lugar, apenas 5.500 votos detrás de Stolypin, estaba Iosif Stalin, un hombre que los opinólogos occidentales rutinariamente describen como un despiadado dictador con la sangre de decenas de millones en sus manos [2]. Puede ser detestado en Occidente, lo cual es poco sorprendente, ya que nunca fue muy querido por las figuras corporativas y chauvinistas que dominan el aparato ideológico estatal occidental, pero según parece, los rusos tienen una opinión distinta – una opinión que no cuadra con la noción de que los rusos fueron victimizados, sino elevados, por el liderazgo de Stalin. Llega a tal punto esta admiración que fue votado a pesar de no ser siquiera ruso de nacimiento.

En un artículo de la edición de Mayo/Junio 2004 de Foreign Affairs (titulado Flight from Freedom: What Russians Think and Want – Escape de la Libertad: Lo Que Los Rusos Piensan y Desean), el historiador anticomunista de Harvard, Richard pipes, citó una encuesta en la que los rusos listaron a los diez hombres y mujeres más grandes de la historia. Los encuestadores buscaban figuras de cualquier país, no sólo Rusia. Stalin quedó cuarto, detrás de Pedro el Grande, Lenin y Pushkin… irritando enormemente a Pipes. [3]

 

Mito #3: el socialismo soviético no funcionaba. Si esto es cierto, entonces el capitalismo, medido con la misma vara, es un fracaso indisputable. Desde su incepción en 1928 hasta el punto en el que fue desmantelado en 1989, el socialismo soviético nunca, salvo durante los extraordinarios años de la Segunda Guerra Mundial, cayó en una recesión y nunca dejó de proveer el pleno empleo [4]. ¿Qué economía capitalista ha crecido ininterrumpidamente, sin recesiones, y garantizando el pleno empleo, a lo largo de un período de 56 años (el período durante el cual la economía soviética fue socialista y el país no estaba en guerra, 1928-1941 y 1946-1989)? Lo que es más, la economía soviética creció más rápidamente que las economías capitalistas que estaban en un nivel equiparable de desarrollo económico cuando Stalin lanzó el primer plan quinquenal en 1928 – y más rápidamente que la economía estadounidense durante una buena porción de la existencia del sistema socialista. [5] Ciertamente la economía soviética nunca alcanzó ni superó las economías industriales avanzadas del núcleo capitalista, pero empezó la carrera desde mucho más atrás; no tuvo el apoyo, como los países occidentales, de una historia de esclavitud, saqueo colonial e imperialismo económico; y además fue constantemente el objeto de intentos imperialistas de sabotear el país.

Algo particularmente perjudicial para el desarrollo económico soviético fue la necesidad de redirigir recursos materiales y humanos de la economía civil a la militar, para estar a la altura del desafío de la presión militar occidental. La Guerra Fría y la carrera de armas, que enredó a la URSS en batallas contra un enemigo superior, no la propiedad colectiva y el planeamiento social, fueron los motivos por los que la URSS no superó a las economías industriales avanzadas de Occidente. [6] Y sin embargo, a pesar de los incansables esfuerzos de Occidente para tullirla, la economía socialista soviético produjo crecimiento positivo en todos y cada uno de los años de paz de su existencia, proporcionando una existencia materialmente segura para todas las personas de sus quince repúblicas. ¿Qué economía capitalista puede decir lo mismo?

 

Mito #4: Ahora que lo han experimentado, los ciudadanos de la ex-URSS prefieren al capitalismo. Al contrario, prefieren el planeamiento estatal soviético – o sea, el socialismo. En una encuesta reciente que preguntaba qué sistema socioeconómico preferían, los rusos votaron [7]

  • Planeamiento y distribución estatal – 58%
  • Propiedad privada y distribución privada – 28%
  • NS/NC – 14%

Pipes cita una encuesta en la que 72% de los rusos «dijeron que querían restringir la iniciativa económica privada» [8]

 

Mito #5: 25 años después, los ciudadanos de la ex-URSS ven la disolución de la misma como algo más beneficioso que perjudicial. Una vez más, erróneo. De acuerdo a una encuesta de Gallup, por cada ciudadano de once ex-Repúblicas Soviéticas, incluyendo a Rusia, Ucrania y Bielorrusia, que piensa que la disolución de la URSS benefició a su país, dos piensan que lo perjudicó. Y los resultados se inclinan más hacia la opinión de que la disolución fue perjudicial entre las personas de 45 años o más – o sea, la gente que mejor conocía el sistema socialista en carne propia. [9]

De acuerdo a otra encuesta citada por Pipes, 75% de los rusos lamentan la disolución de la URSS [10] – difícilmente lo que esperaríamos de personas que fueron supuestamente liberadas de un estado represivo y genocida y una economía ineficiente, burocrática y artrítica.

 

Mito #6: los ciudadanos de la ex-URSS están mejor hoy. Sin lugar a dudas, algunos sí. ¿Pero la mayoría? Dado que la mayoría prefiere el antiguo sistema socialista al actual sistema capitalista, y piensan que la disolución de la URSS hizo más mal que bien, podemos inferir que la mayoría no están mejor – o por lo menos, no se ven a sí mismo así. Esta visión es, cuanto menos, confirmable en materia de esperanza de vida. En un paper de la prestigiosa publicación médica británica, The Lancet, el sociólogo David Stuckler y el investigador médico Martin McKee muestran que la transición al capitalismo en la ex-URSS precipitó una caída en picada de la esperanza de vida, y que «sólo un poco más de la mitad de los países ex-comunistas han recupeardo su esperanza de vida pre-transición». La esperanza de vida masculina en Rusia, por ejemplo, era de 67 años en 1985. En el 2007 era menor a 60 años. La esperanza de vida cayó por cinco años entre 1991 y 1994. [11] La transición al capitalismo, entonces, produjo incontables muertes prematuras – y continua produciendo una tasa de mortalidad elevada que la que probablemente hubiera existido bajo el más humano sistema socialista. (Un estudio de 1986 por Shirley Ciresto y Howard Waitzkin, basado en la data de World Bank, descubrió que las economías socialistas del bloque soviético produjeron resultados más favorables en calidad física de vida, incluyendo esperanza de vida, mortalidad infantil y consumición calórica, que las economías capitalistas al mismo nivel de desarrollo económico, y tan buenas como las economías capitalistas en etapas superiores de desarrollo. [12])

En cuanto a la transición del sistema de un partido a la democracia multipartidaria, Pipes señala una encuesta que muestra que los rusos ven la democracia como un fraude. Más de tres cuartos creen que «la democracia es una fachada para un gobierno controlado por los ricos y poderosos» [13]. ¿Quién dice que no son perspicaces?

 

Mito #7: si los ciudadanos de la ex-URSS realmente quisieran volver al socialismo, votarían eso. Si tan solo fuera tan simple. Los sistemas capitalistas están estructurados para otorgar política pública que beneficie a los capitalistas, y no política popular, si lo popular va en contra de los intereses capitalistas. Lo popular no suele prevalecer en sociedades en las que quienes poseen y contrlan la economía pueden usar su riqueza y conexiones para dominar el sistema político y ganar pujas que enfrentan sus intereses de élite a los intereses populares. Como escribe Michael Parenti:

«El capitalismo no es sólo un sistema económic, sino todo un orden social. Una vez que se arraiga, no se lo puede eliminar votando socialistas o comunistas. Pueden ocupar cargos públicos pero la riqueza de la nación, las relaciones básicas de propiedad, la ley orgánica, el sistema financiero y la estructura de deudas, junto con los medios nacionales, el poder policial y las instituciones estatales han sido completa y fundamentalmente reestructurados. [14]«

Es mucho más probable que un regreso ruso al socialismo suceda como la primera vez, mediante la revolución, no las elecciones – y las revoluciones no suceden sólo porque la gente prefiera un sistema mejor al que ya tienen. Las revoluciones suceden cuando la vida ya no puede ser vivida de la antigua manera – y los rusos no han llegado al pnto en el que la vida, como se vive ahora, ya no es tolerable.

Interesantemente, una encuesta del 2003 le preguntó a los rusos cómo reaccionarían si los comunistas tomaran el poder. Casi un cuarto dijo que apoyaría al nuevo gobierno, y uno en cinco dijo que colaboraría. 27% dijo que lo aceptaría, 16% que emigraría, y sólo 10% lo resistiría activamente. En otras palabras, por cada ruso que se opondría activamente al gobierno comunista, cuatro lo apoyarían o colaborarían con él, y tres lo aceptarían [15] – un resultado distinto al que esperarías si pensás que los rusos están felices de haberse librado de lo que nos dicen que era el yugo de la opresión comunista.

Así que la disolución de la Unión Soviética es lamentada por las personas que conocieron personalmente a la URSS (pero no por periodistas, políticos e historiadores occidentales, así como anticomunistas de izquierda, que sólo conocieron al socialismo soviético mediante el lente de su ideología liberal). Ahora que han tenido más de dos décadas de gobierno democrático multipartidario, empresas privadas y una economía de mercado, los rusos no creen que estas instituciones sean las maravillas que los políticos occidentales y los medios masivos dicen que son. La mayoría de los rusos preferiría un retorno al sistema soviético de planificación estatal – al socialismo.

Incluso así, estas realidades están ocultas tras una tormenta de propaganda, cuya intensidad hace pico todos los años en el aniversario de la disolución. Se supone que hay que creer que donde se intentó, el socialismo fue popularmente detestado y fue incapaz de cumplir sus promesas – cuando la realidad es exactamente opuesta.

Por supuesto, que las opiniones anti-soviéticas tengan estado hegemónico en el núcleo capitalista no es sorprendente. La URSS es vilificada por casi todo el mundo en Occidente: por los trotskistas, porque la URSS fue construida bajo el liderazgo de Stalin y sus partidarios; por socialdemócratas, porque los soviéticos abrazaron a la revolución y rechazaron el capitalismo; por los anarquistas, porque todo estado es opresivo; por los capitalistas, por motivos obvios; por los medios masivos (que son de los capitalistas) y las escuelas (cuyo programa, orientación ideológica e invesitgación política y económica están bajo la influencia de los capitalistas).

No nos debe sorprender que los enemigos políticos del socialismo realmente existente presenten una imágen de la Unión Soviética que no coincide con la realidad, con la opinión de quienes experimentaron el socialismo, lo que una economía socialista realmente cumplió, y lo que aquellos que fueron privados de ella realmente desean.


 

1.”Referendum on the preservation of the USSR,” RIA Novosti, 2001,http://en.ria.ru/infographics/20110313/162959645.html
2. Guy Gavriel Kay, “The greatest Russians of all time?” The Globe and Mail (Toronto), January 10, 2009.
3. Richard Pipes, “Flight from Freedom: What Russians Think and Want,” Foreign Affairs, May/June 2004.
4. Robert C. Allen. Farm to Factory: A Reinterpretation of the Soviet Industrial Revolution, Princeton University Press, 2003. David Kotz and Fred Weir. Revolution From Above: The Demise of the Soviet System, Routledge, 1997.
5. Allen; Kotz and Weir.
6. Stephen Gowans, “Do Publicly Owned, Planned Economies Work?” what’s left, December 21, 2012.
7. “Russia Nw”, in The Washington Post, March 25, 2009.
8. Pipes.
9. Neli Espova and Julie Ray, “Former Soviet countries see more harm from breakup,” Gallup, December 19, 2013, http://www.gallup.com/poll/166538/former-soviet-countries-harm-breakup.aspx
10. Pipes.
11. Judy Dempsey, “Study looks at mortality in post-Soviet era,” The New York Times, January 16, 2009.
12. Shirley Ceresto and Howard Waitzkin, “Economic development, political-economic system, and the physical quality of life”, American Journal of Public Health, June 1986, Vol. 76, No. 6.
13. Pipes.
14. Michael Parenti, Blackshirts & Reds: Rational Fascism and the Overthrow of Communism, City Light Books, 1997, p. 119.
15. Pipes.

(traducido de https://gowans.wordpress.com/2013/12/23/seven-myths-about-the-ussr/)